- Qué bonito es lo bonito
- Esa mirada, esa sonrisa
- Qué ganas tengo de no tener ganas de lo que tantas ganas tengo ( y asi)
- El gol de taquito del Chicharito ante Guatemala
- Tipo de Cambio Interbancario siendo las 9:48am 11.80 compra 11.81
Dadas las circunstancias, la privacidad, el secreto y el cúmulo de correos electrónicos recibidos, les contare de lo maravillosa que me pareció Kung Fu Panda 2, si, hablo en serio:
Desde la primer aparición en las marquesinas de Jack Black en botarga digital de Oso Panda, me llamó poderosamente la atención el hecho de que el padre de Po (el panda) Mr. Ping fuera un ganso, y como si hubiese pedido una explicación a ese hecho, en la secuela se aclara esta relación. Mr ping cuida de Po desde que es un bebe, al ser "abandonado" por su madre fuera de el Restaurante del cual es propietario, y se asume en el papel de procurador y protector de Po. Después de toda la epopeya que se vive en en la cinta, Po regresa a casa para comunicarle a Mr Ping que finalmente sabe quién es él, el ganso le pregunta: "y quién eres" a lo que Po contesta: "soy tu hijo".
Yo crecí con un "medio hermano" (siento horrible escribir esas palabras), y jamás pude entender ni en mi infancia ni en mi juventud cual era la mitad que representaba mi hermandad, y ademas, jamás me importo. Crecimos juntos en un equipo de 4, siendo en un principio 3 que recibieron al 4to y años mas tarde dolorosamente 3 que despidieron a un 4to prematuramente. Esas cosas te acercan, te marcan, te hacen fuerte y ahí es en dónde mi concepto de hermandad se cristalizo. Más allá de ese episodio (tema de toda una helegia), la determinación de mi madre de hacer familia con un señor que ama por encima de todas las cosas, por encima de sus errores, por encima de su "equipaje", es lo que nos regaló esta hermandad de hoy, este nudo gordiano que nadie rompe -ni romperá- (si ya vencimos la muerte, pásenle para acá quien lo dude). Esos huevos, de hacer suyo a un hijo de "alguien mas" por el puritito amor.
Recuerdo que en la boda de mi hermano, alguien se acercó a recriminarle: "que mal hijo eres, no invitaste a tu madre", el volteo, y le dirigió una sonrisa al tiempo que señalaba a la creadora de mis días diciendo: "cómo no? ¡mi madre ahí está!" Equiparo este momento al aquel en cual ese Panda tragón reconoce en el ganso todos los sacrificios y momentos vividos. Son situaciones completamente extremas (lo sé) y quizá no fuese conveniente equipararlo, pero, así lo viví, y esta vida equiparada o no, solo es la que nos hace sentir.
